sábado, 18 de junio de 2011

Después de morir… ¿O más bien de volver a nacer? (Parte II)

-¡Andrew! ¡Concéntrate de una buena vez!-
Puse los ojos en blanco al escuchar esas palabras, no creía posible que a cada instante me regañara nada más porque no podía controlar esas ganas de lanzarme contra el primero que se me cruzara en el camino para comer.
-Lo siento, es que el aroma me vuelve loco…- La miré mientras hacía una mueca apartándome de la calle, alejándome del grupo de gente antes de que terminara matando a alguien y todos los demás se dieran cuenta de nuestra presencia.
-Pero no debes dejarte llevar por los impulsos, solo a veces un acto como ese puede ser beneficioso para ti, pero no siempre- Me miró antes de mirar al grupo de personas. –Debes atacarles cuando están solos para no llamar la atención, no podemos ir pregonando lo que somos ni haciéndonos notar-
-Lo sé- suspiré recargándome de una pared cercana con las manos en los bolsillos. –Es solo que… yo siento que los tres que ya cené no es suficiente-
-Eso es normal, eres nuevo en esta vida y es muy natural que sientas tanta sed y estés así de inquieto- me sonrió antes de volver la mirada al grupo de personas. –Pero debes concentrarte y pensar que no todo es comer, no siempre puedes estar quitándole la sangre a las demás personas… debes aprender a ir controlando esa sed-
-No es fácil controlarse, supongo que lleva tiempo- exclamé frunciendo el ceño.
-Nunca he dicho que lo sea, con el tiempo lo lograrás. Tan solo quiero que hagas tu mayor esfuerzo por no llamar la atención- me hizo señas para que me acercara.
-De acuerdo… está bien- me alejé de la pared acercándome a ella -¿Qué pasa?-
-Mira- me señala a una de las chicas que estaba en el grupo. –De un momento a otro quedará sola, y tú te encargarás de buscar en ella tu propio alimento- sonrió mirándome luego.
-¿Yo?- la miré atónito. –Creí que tu…-
-No- me interrumpió. -Tienes que aprender y creo que eres capaz de hacerlo aun con todo el desastre de esta noche- Se alejó de la esquina donde mirábamos y me jaló colocándome luego en frente de ella. –Tan solo debes seguirla en silencio, no te va a escuchar… yo estaré contigo para verificar que todo esté bien-
Tragué en seco, aun cuando no lo necesitaba, y asentí mirándola. –Ok… lo haré…- hice una mueca.
-Lo harás bien- me animó acercándose hasta depositar en mis labios un suave beso el cual seguí sin pensarlo.
Al separarse sonreí girándome para luego mirar en la dirección donde se encontraban el grupo de estudiantes, tomando aire (aunque no lo necesitaba) y encaminándome con pasos decididos hasta ese lugar.
Para no llegar así de pronto sin más, me mezclé con las sombras como ella lo había hecho las otras tres veces anteriores, y como suponía había hecho conmigo aun cuando no recordaba bien como había sido eso. Mis pasos fueron silenciosos en todo momento, se mantuvieron en total silencio y sigilo hasta que estuve lo suficientemente cerca. El aroma de la sangre se introdujo en mis fosas nasales como si de un buen plato de guiso entra a la nariz de cualquier humano. El efluvio causó que cerrara por un momento los ojos dejándome llevar, sintiendo como si ya estuviera saboreando la sangre en mi boca.
-¡Concéntrate!-
Abrí los ojos dándome cuenta que Elizabeth se había acercado, maldiciendo por lo bajo al no darme cuenta de su tan pronta cercanía.
-Ya te lo dije, no debes dejarte llevar por los impulsos… concéntrate y has las cosas bien. Yo estaré siempre cerca por si algo sale mal, pero tienes que hacerlo tú solo- Me dijo mirándome, cambiando luego la dirección de su mirada hacia el grupo.
-Ya, ya… entendí- Hice una mueca y regresé la mirada hacia los jóvenes, esperando el mejor momento para poder atacar.
El lugar en donde nos encontrábamos era sumamente tranquilo, una calle solitaria en donde únicamente se encontraba un coche detenido a un lado junto a ese grupo de jóvenes que se encontraban bebiendo. Al bajar, se encontraba cuatro esquinas para tomar diferentes direcciones, al subir, nada más había que cruzar a la derecha para entrar a un pequeño callejón. Si la chica subía era más fácil atraparla porque yo me encontraba cerca, pero si bajaba la cosa se complicaba porque no sabía hacia qué dirección iría.
Esperé paciente, o eso creía yo, hasta que la joven decidió emprender la marcha hacia abajo. Hice una mueca torciendo los labios, observando cómo al bajar la chica doblaba a la derecha. –Bien- susurré mirando hacia arriba, viendo como el techo de la tienda no era alto por lo que salté sin hacer ningún tipo de ruido.
Noté cómo Elizabeth había saltado conmigo, aunque se mantenía a cierta distancia sin hacer nada, sólo se movía en la misma dirección que yo sin hacer nada más. Me moví con bastante agilidad entre techos y techos, saltando muros y basura que había por todos lados, saltando en ocasiones espacios entre tienda y tienda. ¡De lujo! Podía saltar largas distancias de este modo y no caía al suelo, aunque claro, no tenía práctica.
-¡Apúrate!- Escuché la voz de mi compañera, por lo que puse los ojos en blanco acelerando mi paso hasta detenerme en un callejón sin salida esperando a que la chica pasara por ahí.
Escuchar los latidos de su corazón era un sonido bastante atrayente, despertaba de nuevo la sed que aun seguía presente en mí e invitaba a de una vez devorar ese cuello para poder succionar toda su sangre. Tenía que mantener la calma, debía esperar paciente y dejar de pensar en eso para no cometer un error de nuevo, pero era sumamente complicado… aunque tenía que admitir que habiendo tomado la sangre de tres sujetos anteriores me ayudaba a no saltar así de pronto sobre la chica.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, me armé de valor para luego saltar quedando en frente de ella. –¡Bu!- Tapé su boca de inmediato antes de que comenzara a gritar y la jalé sin mucho esfuerzo hasta el callejón en donde había estado escondido antes de saltar por ella.
Aquí es donde debía morderla y sacarle toda la sangre antes de que algo saliera mal. Sabía a la perfección lo que tenía que hacer aun cuando ésta era la primera caza, pero al verla a los ojos algo en mí despertó, se compadeció de esa mirada de miedo y súplica que veía. Tragué en seco y por mí mente comenzaron a formarse una serie de preguntas. ¿Yo estuve igual que esa joven antes de que Elizabeth me mordiera? De ser así era algo que no recordaba, y la razón por la cual carecía de esos recuerdos no la conocía.
Sentía lástima por esa joven y mi deseo de matarla iba disminuyendo junto a la fuerza con la cual la sostenía y tapaba su boca. Ella pareció darse cuenta de eso y sus ojos miraban fijos los míos que se encontraban de un negro intenso por la sed que aun seguía en mí. De nuevo tragué aflojando cada vez más mi mano, pero cuando estuve a punto de soltarla la chica hizo el ademán de gritar y Elizabeth alzó los ojos parándose de inmediato a mi costado.
-Mátala- me susurró con un tono de voz al cual parecía no poder resistirme. –Debes hacerlo… ya te vio, y además, es tu cena- volvió a susurrar, sintiendo como por dentro una lucha de decisiones se apoderaban de mi.
-Pero… no puedo…- Le dije humedeciendo mis labios inseguro de mis próximos movimientos.
-Sí puedes, tienes que hacerlo… confío en ti, sé que lo harás-
Su voz resonaba en mi oído como una dulce melodía que me ordenaba sin derecho a decir que no, sin derecho a echarme para atrás por lo que obedecí sin protestar, abriendo mi boca al tiempo que relucían mis colmillos. En apenas un par de segundos, mis colmillos rasgaron la piel de la joven y su sangre comenzó a fluir con bastante facilidad por mi garganta, calmando así esa sed que aun me seguía quemando.

lunes, 13 de junio de 2011

Después de morir... ¿O más bien de volver a nacer? (Parte I)

Imágenes confusas invadían mi mente, era extraño el intentar descifrarlas porque pasaban tan de prisa y tan oscuras que me parecía imposible recordar lo que veía. Mis ojos seguían cerrados, pero mi mente seguía trabajando de una forma impresionante, me hacía ver esas cosas que ni yo mismo entendía. ¿Qué era? ¿En donde estaba? Demasiadas preguntas y ni como responderlas en estos momentos.
Moví la cabeza de un lado a otro cuando de pronto vi en mi interior las calles a una velocidad increíble, como si algo me estuviera jalando. De nuevo la oscuridad reinó, no veía nada, no recordaba nada y eso me inquietaba aunque parecía quedarme tranquilo. Imágenes de nuevo, esta vez me veía en un oscuro cuarto, un lugar que parecía no recordar.
“-¿Quién eres?-” Escuché de pronto que gritaba, era mi voz y podía casi sentir el miedo que sentía ante esa imagen.
Ladeé la cabeza hacia el otro lado de pronto, quizás con demasiada brusquedad y rapidez como para darme cuenta que alguien me hablaba, alguien me pedía que abriera los ojos pero yo no podía. Sentía miedo de nuevo, un miedo que ya no era el de las imágenes que había visto en mi mente, había algo más. Esa voz era tan hermosa que podía imaginar a la dueña sin si quiera verla, aunque en el fondo sabía que ya la había visto.
-Abre los ojos, no pasa nada-
Esa voz de nuevo se introdujo por mis oídos invadiendo así de esa manera mi mente hasta mis sentidos. No hacerle caso era casi como un pecado, o eso creía porque lentamente abrí mis ojos para encontrarme así con lo que creí en un comienzo que era un ángel.
-¿Estoy muerto?- pregunté, dado que le dolor que había sentido y las imágenes en mi cabeza me hacían pensar en eso. Además, todo lo notaba diferente, todo me parecía extraño y la perfecta belleza de la mujer que tenía en frente de mi me  parecía nada propio de este mundo, ni la palidez de su piel.
El silencio se hizo notar por unos segundos, o quizás fueron minutos… ya no estaba muy seguro. –No exactamente, pero tampoco estás vivo- Respondió.
Abrí aun más mis ojos al escuchar esas palabras, incorporándome casi de golpe para sentarme en la cama y echarme un poco para atrás como acto reflejo debido a sus palabras, un impulso que tuve por el miedo que me proporcionó con lo que había dicho.
-Tranquilo- Exclama con calma colocando una mano sobre mi pecho, intentando calmarme al tiempo que me recargaba de la cabecera de la cama. Tragué en seco sintiendo algo de tranquilidad, quizás debido a ese tono de voz que podía tranquilizar a cualquiera. Sin embargo, mi garganta parecía quemar y desconocía el motivo de eso, de esa extraña sensación. –Debes estar tranquilo, todo estará bien… pero debes mantener la calma hasta que te acostumbres a esto-
-¿Acostumbrarme a qué?- frunzo el ceño pasando una de mis manos hacia mi cuello. -¿Qué me pasa? ¿Por qué siento que quema?- Pregunté confundido, exigiendo con la mirada que me diera las respuestas que tanto deseaba escuchar.  
-A esta nueva vida- ladea la cabeza mirándome. –A lo que eres ahora… lo que somos- sube su mano hasta mi rostro acariciando.-Y eso es normal, es debido a la sed que posees en estos momentos-
-¿Y qué somos?- pregunté con cierto temor a saber la respuesta, eso debido a las imágenes que no se iban de mi mente y a las respuestas que ella me daba.
-Vampiros- responde con tono simple, sonriendo para luego mostrar sus colmillos.
Juro que de haber podido estuviera ya mismo desmayado ante las palabras que me había dicho, fue así de pronto y sin anestesia. Mi segundo impulso fue el echarme a reír, sí había pensado que quizás todo eso era alguna broma pero no podía, en el fondo sabía que eso era verdad y prueba de ello era todo lo raro que me sentía y el ardor en la garganta a causa de eso que ella llamaba “sed”.
Además, mis recuerdos parecían borrosos y no entendía el porque pasaba eso… era como si intentara leer un libro en un cuarto oscuro donde la escasa luz iba y venía impidiendo que leyera completamente, quedando nada más que fragmentos de la lectura. Así es como consideraba ahora mis recuerdos, esas imágines que sabía pertenecían a lo que fue mi vida pasada, a esa pesadilla que había vivido. ¿Y ahora? ¿Esto era mejor o peor? No estaba muy seguro de esto, pero esperaba que fuese mejor.
Luego de que me cambiara de ropa, porque ella tenía ropa para mí en el lugar donde nos encontrábamos, salimos a lo que ella llamó “cazar”. Estaba algo asustado, durante todo el camino ella se encargó de explicarme como sería todo, como debía comportarme y dejarme guiar nada más que por mis instintos cuando ya tuviera una presa, que del resto, intentara no respirar cuando estuviera cerca de algún humano, algo a lo que no hice caso y casi nos descubren.
-Los primeros meses es complicado para acostumbrarse, incluso a veces se tarda hasta un año- Me explicó mientras terminaba por sacarle toda la sangre al tercer sujeto que ella cazaba para mi en la noche. –Y no te acostumbres a que esto será siempre,  nada más hasta que aprendas a cazar sin llamar la atención-
Dejé el cuerpo sin vida en el suelo para después mirarla asintiendo, limpiando la sangre que tenía en la boca con la manga de la camisa que traía puesta. –Está bien, aprenderé pronto para ya no tener que depender de ti- prometí erguiéndome, mirando a mí alrededor mientras notaba que un tercer plato de comida no era suficiente. -¿Puedo beber de otro?- pregunté mirándola con unos ojitos algo así como del gato con botas, y es que sentía que todo lo que había bebido no era suficiente para poder saciar la sed que sentía.
-¿Otro?- Se queda pensando por unos segundos en lo que yo había dicho. –Esta bien, uno más y ya no más sangre hasta que diga-
Casi que hago un puchero cuando dijo lo de “no más sangre hasta que diga” ¿Hasta cuando pretendía tenerme pasando hambre? Bueno, más bien sed. De ser mucho tiempo estaba claro que escaparía de esa casa en donde nos encontrábamos e iría por alguien, ese ardor en la garganta debido a la sed no era para nada agradable.
-De acuerdo, será como tú digas- Accedí, era eso o nada y prefería eso a pasar sed como estaba seguro que lo haría. –Te espero aquí- Le dije sentándome sobre un muro que nos tapaba en ese momento, aunque sabía que teníamos que deshacernos del cuerpo que teníamos a mis pies y suponía que igual a como habíamos hecho con los otros dos.
-No, no iré sola… además tenemos que limpiar este desastre- exclama refiriéndose al cuerpo sin vida que se encontraba en el suelo.
-Está bien- bajo del muro donde me había montado, sintiendo esa sensación de poder hacer cosas un poco más extremas sin sentir lo mismo de antes, sin sentir el miedo a lastimarme ni el caer de golpe, ahora todo era diferente. -¿Lo lanzaremos al río como a los otros?- pregunté mirándola.
-No podemos hacer un pozo de muertos en un río- Me dijo sosteniendo el cuerpo sin ningún tipo de esfuerzo. –A este le podemos dejar de alimento para animales salvajes, y no precisamente los cocodrilos del río-
-Ammm… ¿Te refieres a los pumas?- Enarqué una ceja mirándola.
-Así es, ellos tienen que comer ¿Cierto? Tendrán una presa fácil, carne fresca la cual podrán devorar al instante- Alzó los hombros sonriendo con cierta malicia.
-Sí, supongo que no está nada mal-
Aun no me acostumbraba a eso de matar y desaparecer los cuerpos, me sentía un psicópata asesino que mata por pura diversión y ya después a esconder las evidencias. De cierto modo es lo que era, un asesino pero que en esta ocasión mata para poder seguir existiendo en este nuevo mundo en donde había “nacido”.
“Es una ley de vida” Fueron sus palabras cuando cazó al primero al yo no poder beber de su sangre por pura cosa mental aun cuando mi cuerpo pedía a gritos succionar de ese líquido que cuando corrió por primera vez por mi garganta sentí un alivio que  no puedo describir tan fácilmente.  Tenía razón, era una ley de vida y tan solo tenía que seguir como hasta ahora, pensar que si ellos nos descubren nos mataría sin razón. En cambio, nosotros tan solo matamos para poder alimentarnos, así como ellos matan animales para alimentarse de su carne.
-¿Pasa algo?- preguntó luego de haber llegado hasta el bosque, seguro me había visto bastante distraído por todo el recorrido.
-Nada- respondí mientras observaba como dejaba el cadáver entre unos árboles.
-Son ellos o tú…- escuché su voz ahora acercándose a mí. –Ya te lo había explicado, es una ley de vida en donde el más fuerte sobrevive y el débil…- mira hacia el sujeto muerto. –… no- vuelve a mirarme.
-Lo sé- suspiré mordiendo mi labio inferior. -Pero no me acostumbro a esto, digo, yo fui como ellos y… fui débil y no corrí esa suerte- La miré frunciendo tan solo un poco el ceño.
 -No eras débil- se acercó a mi posando una mano sobre mi pecho. Miré su mano para luego alzar la mirada y verla a los ojos.
-¿Cómo lo sabes?- mi mirada estaba llena de confusión y dudas.
-Te lo he dicho, te conozco- su mano acaricio mi pecho de arriba hacia abajo con lentitud mientras que mi mirada se mantenía en sus ojos. –Tuviste tus momentos de debilidad, como cualquier humano, pero en su mayoría fuiste fuerte y valiente- mientras hablaba, se acercó más a mí y casi podía sentir el roce de sus labios contra los míos. –Y por fuerte y valiente te encuentras de este lado-
Me quedé quieto dejándome llevar por esa mujer que parecía dominar mis sentidos, por ese beso que depositó con suavidad contra mis labios. No sabía con exactitud qué era lo que me unía a ella, pero sabía que de su lado no podía apartarme, era como un extraño lazo que no veía y me unía a ella. Lo más probable es que fuera algo que pasara con el tiempo, aunque sería extraño que ocurriera dado que ella parecía tener planes conmigo por siempre.
-Vamos por tu otra cena- Susurró tomando mi mano para luego marcharnos del lugar.

domingo, 12 de junio de 2011

La noche de la conversión.

Me encontraba caminando en una noche fría y solitaria como siempre, algo que no había pensado nunca en cambiar. Caminar por callejones era algo tan natural en mi, era algo característico en mi persona, era parte de mi personalidad. Me gustaba andar y andar como un chico de la calle sin rumbo alguno, pateando las piedras que se me interponían en mi camino y maldiciendo la triste suerte que cargaba conmigo. Se podía decir que se trataba de una noche como cualquier otra, una noche en donde la presión de mi madre y las peleas en casa me hicieron salir, pero no fue así, hubo algo que marcó la diferencia entre esa y las otras noches. 
Había sentido la presencia de alguien más cerca de mí, como que alguien me observaba en el medio de la noche, que alguien me seguía. Me detuve en seco mirando a toda las direcciones, quería estar seguro de que me encontraba caminando solo en medio de la noche por las calles desiertas, pero aun cuando no veía a nadie, sabía que alguien me observaba desde algún punto… podía sentirlo en mi piel, en mis venas. Era extraño sentir algo así, pero era la forma en la que podía describir lo que estaba pasando, lo que sentía. Una sensación que le helaba la piel a quien sea, se la colocaba de gallina y hacía temblar al más fuerte y valiente de los hombres. 
Tragué en seco y me dispuse a continuar mi camino, diciéndome a mi mismo que no eran más que tonterías, que tan solo se trataba de mi mente que me hacía una mala jugada para terminar como una nena huyendo a casa. No podía darme el lujo de hacerlo, no podía ir a casa en estos momentos porque sabía que eso sería peor, sabía que de llegar desearía estar fuera o morir, así que era mejor guardar mi miedo para otro momento y seguir como si nada por estas calles que tan bien me las conocía, mucho mejor que las palmas de mi mano podría decirse. ¿Quién no conoce el lugar donde se ha criado? Quien no conoce a la perfección su único refugio de la cruel y asquerosa realidad.
El sudor comenzaba a caer por mi rostro a medida que la caminata se hacía más de prisa, a medida que el miedo aumentaba debido a esa presencia que sentía siguiéndome, debido a ese ser que se empeñaba a llenarme de temor con su insistencia en observarme sin yo poder ver de quien se trataba. Esperaba que tan solo fuera la broma pesada de algún idiota, uno de esos tontos niños que quieren dársela de valiente gastando bromas pesadas a los demás, a aquellos que nunca se encuentran en grupos o en compañía de alguien más.
Mi respiración se hacía irregular y mi corazón latía con fuerza, demasiada fuerza diría yo. Casi podía asegurar que mi corazón se encontraba latiendo fuerte cerca de mi oído, o en la yugular que era donde creía sentir que se encontraba. No me importaba si el pecho se movía queriendo dejar en libertad a ese corazón desenfrenado por el miedo, o tal vez que mi actitud hacia la situación fuera exagerada, me importaba bastante poco porque era mi vida la que posiblemente estaba en peligro, era mi seguridad la que estaba en juego y era mi miedo el que estaba siendo acto de presencia.
Miré en todas direcciones cuando una sombra silenciosa pasó detrás de mi de una esquina a otra, sintiendo como ahora la piel se me erizaba aun más y el frío parecía colarse por la carne hasta enfriar la sangre y todos los músculos. Tragué nuevamente en seco regresando la vista al frente, observando a pesar de mi temor como había una esquina a unos cuantos pasos de distancia. Me humedecí los labios y me froté las manos para darme calor y valor, siguiendo la caminata para poder llegar y doblar para ver si así de ese modo me libraba de lo que me estuviera siguiendo.
Al terminar de llegar hasta la esquina la doblé de inmediato sintiendo con eso un pequeño alivio al creerme seguro, esperaba que ya en ese callejón mi seguridad incrementara aunque fuese un poco. Cerré con fuerza los ojos y me llevé una mano al pecho para sentir de ese modo mi rápida respiración que estaba siendo acompañada por los desenfrenados ritmos cardíacos que poco a poco parecía normalizarse, o eso intentaban dado el momento de supuesta calma que estaba viviendo en este instante. Creí que lo peor había pasado, pero no fue así.
Abrí los ojos como platos cuando me di cuenta que alguien se aproximaba hasta donde me encontraba, que desde mi ubicación podía escuchar unos pasos acercándose con lentitud y de nuevo mi miedo hizo acto de presencia sin ganas de querer abandonarme. El sudor volvió a invadirme, sintiendo como mi respiración se volvía una vez más irregular junto a los descontrolados latidos de mi corazón que daban a entender su desespero por abandonar mi pecho y quizás colocarse en un lugar mejor donde pudiera estar a salvo. Eso era algo que yo también deseaba, estar en cualquier otro lugar que no era este, con personas que no me pegaran semejante sustos como el que se estaba acercando.
Di un par de pasos hacia atrás buscando con eso el poder esconderme de la persona que estaba a pocos pasos de pasar por esa esquina, a pocos segundos de asomarse por esa esquina en donde me encontraba. Me humedecí los labios sin detener mi retroceso, sin ningún tipo de ganas la verdad porque no importaba lo que había detrás de mi, estaba seguro que era mejor a lo que de seguro pasaría. Solo fue hasta que tropecé contra unas cajas llenas de basura que dejé de caminar.  
-¡Mierda!- Me quejé luego de haber caído al suelo, alzando la mirada para poder ver al causante de mi exaltación. ¿Quién sería? ¿Qué me haría? Esas preguntas se repetían una y otra vez a medida que sentía los segundos pasar como minutos, capaz y los minutos en ese momento hasta se me volvieron horas. De seguro era el miedo lo que me hacía creer que ese momento era eterno, que pensaba que de nuevo mi corazón se encontraba justo en mí yugular latiendo con fuerza causando hasta que incluso me aturdiera un poco.
Me sentí bastante estúpido cuando vi pasar a un señor a paso tranquilo por esa calle, un señor el cual parecía estar ausente en su propio mundo, parecía no haberse dado cuenta de mi presencia, de lo que acababa de suceder. Y es que en sí no había pasado nada, tan sólo me había dejado llevar por un miedo ilógico, producto quizás de lo idiota y estúpido que soy (eso para no decir cobarde).
Suspiré ya más tranquilo, apoyando las manos en el suelo para después levantarme. Me sacudí el pantalón mientras que se escuchaba en la calle mi risa por el alivio y lo tonto que me sentía, una risa que en el fondo escondía una pizca de los nervios que casi me vuelven loco minutos antes. ¿Cómo es posible que el miedo me llevara a este extremo? Ahora veía ese temor como algo sin razón, un poco ilógico a pesar de las sombras que pasaban de prisa a mi espalda, esas sombras que fueron las causantes en un comienzo de mi alteración.
Comencé a caminar dispuesto a salir de ese lugar e irme a casa. Sí, ahora sí quería estar en esa pesadilla que es mi “hogar”, por lo menos ahí no iba haber sombras que me siguieran o callejones sin salidas, no, tan sólo estaría en la batalla de cada noche. Lamentablemente no podía hacer nada para escapar de esa pesadilla, por lo que suspiré sin darme cuenta que alguien había caído de pronto tras de mí, y sin tener oportunidad alguna, me tomó por los hombros sintiendo como me elevaba del suelo así sin más.

sábado, 11 de junio de 2011

Mi vida antes de la muerte...

Mi vida, antes del infierno, no era muy diferente a todo esto. Era tan solo un mal sueño en donde pensaba que despertaría después de la muerte, y no fue así. Había quienes deseaban estar en mi situación, pero yo tan solo pedía a gritos estar en la situación de ellos. ¡Que irónica es la vida! Ellos que tienen una familia unida, se quejan porque no hacen más que reuniones en donde les obligan a estar, salidas en donde no quieren asistir, solo por estar al lado de aquellos que dicen llamarse amigos. ¿Y cuando no estén? No piensan en eso, piensan que estarán en las malas y no es así, ellos nunca están. 
Un chico que tan solo vive en su mundo, ese era yo. Un chico que no ve nada más allá de la desdicha, no ve felicidad, no ve gozo, tan solo ve oscuridad y dolor. Un chico que pasa más tiempo con su soledad que acompañado de alguien, un chico que no cree en la amistad porque todos le han fallado y no tiene una familia unida que le pueda enseñar lo que es el amor. Un chico que se acostumbró a vivir encerrado entre las cuatro paredes de su cuarto, y cuando no, en las oscuras calles llenas de peligros. Ese soy yo, nada más que yo. 
Soy aquel que cuando tiene la oportunidad atenta contra su vida sin que sus padres se enteren, pero tiene tan mala suerte que siempre queda con vida. Ese chico que se sienta en el último piso de un edificio mirando hacia abajo, pensando que al caer lo más probable es que termine muriendo, pero que por una u otra causa, termina maldiciendo la suerte que tiene. No soy más que esa persona que no teme a la muerte y por tal motivo la busca, pero que a la final termina aceptando que no la encontrará y por tal razón se va a un rincón de su cuarto a llorar a escondidas. 
Mi vida no es más que un error, un error de este mundo y tendrá que seguir así debido a que no encuentro forma de cambiar, no encuentro el camino adecuado. He buscado por todos los medios una manera de poder ver la vida de forma positiva, de buscarle una razón a todo esto, pero nada, no he encontrado nada. No hay nada que pueda llenar el vacío que hay en mí, no hay nada que pueda curar todas las heridas que tengo, no hay nada ni nadie que me haga vivir de nuevo. 
En mi corazón había a penas una pequeña porción de fe que mantenía presente la esperanza de que todo en algún momento cambiara, que todo fuera un cuento de hadas color de rosa aun cuando mi mente me decía que despertara a la realidad y dejara de ser tan idiota. Mi corazón a penas era un trozo de mi que se encontraba vuelto añicos por tanto dolor, por todo lo que pasaba, por todos esos golpes que ya no aguantaba. Mi corazón parecía estar latiendo  por pura inercia y daba la sensación que en un momento a otro dejaría de moverse entre mi pecho, que en cualquier instante se pudiera detener causando así lo que más deseaba.
Cuando se llega a ese extremo en el cual me encontraba, deja de importar las cosas pero comienzan a creerse otras bastante negativas. El tener o no amigos deja de cobrar importancia porque dentro tan solo se piensa en el daño que se les hace cada vez que cometo el error de decir lo que no es, de hacer algo mal. No hay una chica que pueda entender y estar conmigo siempre, no hay nadie capaz de escuchar y que pueda darme una solución a todo esto, me brinde la ayuda que en el fondo deseaba, pero que tan solo necesitaba y rechazaba.
Y es que había llegado a pensar que tan solo decía cosas para dañar a los demás, cada vez que intentaba comunicarme con alguien terminaba discutiendo con esa persona, haciéndola sentir mal o quizás me terminaban rechazando. Posiblemente esa última opción era extremista, pero así me sentía cuando de pronto hablaba y nadie me escuchaba, pensaba que tan solo era algo a propósito, que no era lo suficiente como para que los demás me prestaran atención. De seguro esa era la razón por la cual en ningún lado hablaba, en ningún lado se escuchaba mi voz y en clase tan solo me la pasaba sentado en una esquina dibujando cosas que nadie más entendía.
Esta es la vida que me tocó y no tengo más que seguir esperando el momento perfecto para acabar con todo, o más bien, esperar a que por fin pueda abandonar este mundo. Cuando creí que había pasado, tan solo cerré los ojos por un tiempo y los volví a abrir padeciendo un dolor completamente diferente al anterior, y con pocos recuerdos. ¿Para qué quiero esos recuerdos? Estaba claro que mejor era haber perdido completamente la memoria, haber borrado de mis recuerdos todo lo malo que había padecido en la vida... pero no, esos recuerdos dolorosos fueron los que se mantuvieron, y se siguen manteniendo atormentándome.
No se qué es peor, si la vida en sí, o esta vida después de la muerte. Aun no se con cual sufro más, si con este infierno o la anterior pesadilla. Todo es malo, nada es bueno en este mundo donde tan solo pocos son los que gozan y muchos son los que sufren. Abandoné la luz para vivir en las sombras, alimentándome de otros y matando con eso. No elegí esta vida, pero fue la que me otorgaron en contra de mi voluntad. Yo tan solo quería morir, pero me dieron esta vida eterna, si es que se le puede llamar a esto vida. Esto tan solo puede ser prueba de que no poseo una buena suerte, de que todo tiene que ser malo para mí, que en este mundo no hay una razón positiva para seguir andando como cualquier persona o ser.
Ya no se puede hacer nada en contra, ya no hay marcha atrás. Lo que pasó ya pasó, no se puede regresar al tiempo para cambiar las cosas. Aunque de poder hacerlo, creo que no encontraría un tiempo adecuado para revertir el desastre de mi vida. Y como dicen, por alguna razón pasan las cosas, así que por alguna razón estoy yo aun padeciendo lo mismo por este mundo, aun camino de la mano con la soledad saludando como amiga a la muerte. Así seguirán las cosas hasta quien sabe cuando…