-¡Andrew! ¡Concéntrate de una buena vez!-
Puse los ojos en blanco al escuchar esas palabras, no creía posible que a cada instante me regañara nada más porque no podía controlar esas ganas de lanzarme contra el primero que se me cruzara en el camino para comer.
-Lo siento, es que el aroma me vuelve loco…- La miré mientras hacía una mueca apartándome de la calle, alejándome del grupo de gente antes de que terminara matando a alguien y todos los demás se dieran cuenta de nuestra presencia.
-Pero no debes dejarte llevar por los impulsos, solo a veces un acto como ese puede ser beneficioso para ti, pero no siempre- Me miró antes de mirar al grupo de personas. –Debes atacarles cuando están solos para no llamar la atención, no podemos ir pregonando lo que somos ni haciéndonos notar-
-Lo sé- suspiré recargándome de una pared cercana con las manos en los bolsillos. –Es solo que… yo siento que los tres que ya cené no es suficiente-
-Eso es normal, eres nuevo en esta vida y es muy natural que sientas tanta sed y estés así de inquieto- me sonrió antes de volver la mirada al grupo de personas. –Pero debes concentrarte y pensar que no todo es comer, no siempre puedes estar quitándole la sangre a las demás personas… debes aprender a ir controlando esa sed-
-No es fácil controlarse, supongo que lleva tiempo- exclamé frunciendo el ceño.
-Nunca he dicho que lo sea, con el tiempo lo lograrás. Tan solo quiero que hagas tu mayor esfuerzo por no llamar la atención- me hizo señas para que me acercara.
-De acuerdo… está bien- me alejé de la pared acercándome a ella -¿Qué pasa?-
-Mira- me señala a una de las chicas que estaba en el grupo. –De un momento a otro quedará sola, y tú te encargarás de buscar en ella tu propio alimento- sonrió mirándome luego.
-¿Yo?- la miré atónito. –Creí que tu…-
-No- me interrumpió. -Tienes que aprender y creo que eres capaz de hacerlo aun con todo el desastre de esta noche- Se alejó de la esquina donde mirábamos y me jaló colocándome luego en frente de ella. –Tan solo debes seguirla en silencio, no te va a escuchar… yo estaré contigo para verificar que todo esté bien-
Tragué en seco, aun cuando no lo necesitaba, y asentí mirándola. –Ok… lo haré…- hice una mueca.
-Lo harás bien- me animó acercándose hasta depositar en mis labios un suave beso el cual seguí sin pensarlo.
Al separarse sonreí girándome para luego mirar en la dirección donde se encontraban el grupo de estudiantes, tomando aire (aunque no lo necesitaba) y encaminándome con pasos decididos hasta ese lugar.
Para no llegar así de pronto sin más, me mezclé con las sombras como ella lo había hecho las otras tres veces anteriores, y como suponía había hecho conmigo aun cuando no recordaba bien como había sido eso. Mis pasos fueron silenciosos en todo momento, se mantuvieron en total silencio y sigilo hasta que estuve lo suficientemente cerca. El aroma de la sangre se introdujo en mis fosas nasales como si de un buen plato de guiso entra a la nariz de cualquier humano. El efluvio causó que cerrara por un momento los ojos dejándome llevar, sintiendo como si ya estuviera saboreando la sangre en mi boca.
-¡Concéntrate!-
Abrí los ojos dándome cuenta que Elizabeth se había acercado, maldiciendo por lo bajo al no darme cuenta de su tan pronta cercanía.
-Ya te lo dije, no debes dejarte llevar por los impulsos… concéntrate y has las cosas bien. Yo estaré siempre cerca por si algo sale mal, pero tienes que hacerlo tú solo- Me dijo mirándome, cambiando luego la dirección de su mirada hacia el grupo.
-Ya, ya… entendí- Hice una mueca y regresé la mirada hacia los jóvenes, esperando el mejor momento para poder atacar.
El lugar en donde nos encontrábamos era sumamente tranquilo, una calle solitaria en donde únicamente se encontraba un coche detenido a un lado junto a ese grupo de jóvenes que se encontraban bebiendo. Al bajar, se encontraba cuatro esquinas para tomar diferentes direcciones, al subir, nada más había que cruzar a la derecha para entrar a un pequeño callejón. Si la chica subía era más fácil atraparla porque yo me encontraba cerca, pero si bajaba la cosa se complicaba porque no sabía hacia qué dirección iría.
Esperé paciente, o eso creía yo, hasta que la joven decidió emprender la marcha hacia abajo. Hice una mueca torciendo los labios, observando cómo al bajar la chica doblaba a la derecha. –Bien- susurré mirando hacia arriba, viendo como el techo de la tienda no era alto por lo que salté sin hacer ningún tipo de ruido.
Noté cómo Elizabeth había saltado conmigo, aunque se mantenía a cierta distancia sin hacer nada, sólo se movía en la misma dirección que yo sin hacer nada más. Me moví con bastante agilidad entre techos y techos, saltando muros y basura que había por todos lados, saltando en ocasiones espacios entre tienda y tienda. ¡De lujo! Podía saltar largas distancias de este modo y no caía al suelo, aunque claro, no tenía práctica.
-¡Apúrate!- Escuché la voz de mi compañera, por lo que puse los ojos en blanco acelerando mi paso hasta detenerme en un callejón sin salida esperando a que la chica pasara por ahí.
Escuchar los latidos de su corazón era un sonido bastante atrayente, despertaba de nuevo la sed que aun seguía presente en mí e invitaba a de una vez devorar ese cuello para poder succionar toda su sangre. Tenía que mantener la calma, debía esperar paciente y dejar de pensar en eso para no cometer un error de nuevo, pero era sumamente complicado… aunque tenía que admitir que habiendo tomado la sangre de tres sujetos anteriores me ayudaba a no saltar así de pronto sobre la chica.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, me armé de valor para luego saltar quedando en frente de ella. –¡Bu!- Tapé su boca de inmediato antes de que comenzara a gritar y la jalé sin mucho esfuerzo hasta el callejón en donde había estado escondido antes de saltar por ella.
Aquí es donde debía morderla y sacarle toda la sangre antes de que algo saliera mal. Sabía a la perfección lo que tenía que hacer aun cuando ésta era la primera caza, pero al verla a los ojos algo en mí despertó, se compadeció de esa mirada de miedo y súplica que veía. Tragué en seco y por mí mente comenzaron a formarse una serie de preguntas. ¿Yo estuve igual que esa joven antes de que Elizabeth me mordiera? De ser así era algo que no recordaba, y la razón por la cual carecía de esos recuerdos no la conocía.
Sentía lástima por esa joven y mi deseo de matarla iba disminuyendo junto a la fuerza con la cual la sostenía y tapaba su boca. Ella pareció darse cuenta de eso y sus ojos miraban fijos los míos que se encontraban de un negro intenso por la sed que aun seguía en mí. De nuevo tragué aflojando cada vez más mi mano, pero cuando estuve a punto de soltarla la chica hizo el ademán de gritar y Elizabeth alzó los ojos parándose de inmediato a mi costado.
-Mátala- me susurró con un tono de voz al cual parecía no poder resistirme. –Debes hacerlo… ya te vio, y además, es tu cena- volvió a susurrar, sintiendo como por dentro una lucha de decisiones se apoderaban de mi.
-Pero… no puedo…- Le dije humedeciendo mis labios inseguro de mis próximos movimientos.
-Sí puedes, tienes que hacerlo… confío en ti, sé que lo harás-
Su voz resonaba en mi oído como una dulce melodía que me ordenaba sin derecho a decir que no, sin derecho a echarme para atrás por lo que obedecí sin protestar, abriendo mi boca al tiempo que relucían mis colmillos. En apenas un par de segundos, mis colmillos rasgaron la piel de la joven y su sangre comenzó a fluir con bastante facilidad por mi garganta, calmando así esa sed que aun me seguía quemando.